“Defendemos los derechos de los varones ante políticas de inspiración hembrista”

En medio de leyes, políticas, campañas publicitarias y movilizaciones que incluyen a las más diversas organizaciones sociales, políticos y el gobierno, por una sociedad que proteja a la mujer y promueva igualdad de género, nació Varones Unidos, para defender los “derechos masculinos” y denunciar una discriminación “hembrista”. Apuntan a movimientos feministas de dedicados al lobby político, aseguran que la investigación para el cáncer es el doble que el financiamiento para el cáncer de próstata que solo afecta a varones y causa una cifra de muertes similar. Critican la ley de cuotas “porque es una igualdad de resultados, no una igualdad de oportunidades”.Afirman que en Uruguay por cada mujer que muere asesinada, mueren cinco varones y las muertes por suicidio doblan la cantidad de muertes por homicidios y “el 70% y el 80% de estos suicidios son consumados por varones”. Sobre estos y otros temas Revista Metropolitano dialogó con Palo Laurta, integrante de la organización.

¿Cuál es el objetivo del movimiento?

El principal objetivo de Varones Unidos es integrar la perspectiva masculina al debate social sobre cuestiones de género. Esta ausencia de los hombres, ha causado una hegemonía absoluta del discurso feminista radical, de género, en el debate sobre las relaciones entre hombres y mujeres, dejando a los varones en una situación de indefensión política frente a un movimiento feminista de enorme influencia y poder. Dándose en varias ocasiones la paradoja de comisiones de igualdad de género, integradas en su totalidad por mujeres. Otros objetivos menos concretos son la defensa de los derechos de los varones ante políticas abusivas y discriminatorias de inspiración hembrista o misándrica y la visibilización de problemáticas de género masculinas.

Desde organizaciones y movimientos feministas se hace hincapié en que esta es una sociedad patriarcal, ¿cómo lo ven ustedes?

Plantear que vivimos en una sociedad patriarcal hoy es sencillamente absurdo. ¿En qué otra sociedad y otro período de la historia la mujer vivió con mayores derechos y libertades que en las democracias occidentales actuales? Nunca y en ninguna parte. Entonces si vivimos en las sociedades menos patriarcales de la historia y del mundo contemporáneo, ¿es justo calificar a nuestra propia sociedad de patriarcal, como lo hace el movimiento feminista (que es un movimiento global) mientras le hace la vista gorda a la opresión real que vive la mujer en áfrica o bajo el islam? .Aún sacando a nuestras sociedades de su contexto histórico, ¿Es justo decir que vivimos en una sociedad patriarcal cuando los problemas de la mujer ocupan la mayor parte de la discusión social, mientras los problemas que afectan principalmente a la población masculina son relegados a un segundo plano? ¿Donde el financiamiento para la investigación para el cáncer de mama es siempre superior, más del doble que el financiamiento para el cáncer de próstata a pesar de que este, que solo afecta a varones, causa una cifra de muertes similar o aún mayor?
Las leyes de cuotas además, se ha comprobado que reducen la calidad de la administración. Esto lo sabemos por un estudio realizado en Noruega que arrojó que luego de implementada una ley de cuotas por género en los directorios de las empresas, por cada 10% de aumento en la representación femenina en el directorio, la valuación de la empresa se redujo en un 12%.

Hay diferencia en salarios entre mujeres y hombres comprobada por estadísticas y estudios…

Por supuesto, y es lo esperable que haya diferencias porque hombres y mujeres somos biológicamente distintos, la sociedad nos ve diferente y tomamos decisiones distintas sobre nuestras vidas profesionales. Lo que no es cierto es que esa diferencia en los salarios se deba a que las mujeres son discriminadas por sus empleadores. La mayoría de los estudios realizados sobre este tema son solicitados y financiados por organizaciones feministas con el objetivo de apoyar determinadas políticas públicas y reforzar el mito de la sociedad patriarcal. La mayoría de los estudios que se realizan, no toman en cuenta toda una serie de factores que cuando se incorporan al análisis explican por si solos la diferencia entre los salarios de varones y mujeres, como lo son la dedicación horaria, la elección de carreras y especialidades (los varones tienden a elegir carreras y ocupaciones más riesgosas, incómodas y demandantes, pero mejor pagas), el rol de la fuerza física, la menor asertividad de la mujer a la hora de solicitar aumentos o ascensos, el alejamiento de la mujer del trabajo para dedicarse a su familia, etc. Al tomar en cuenta todos los factores la brecha salarial se vuelve prácticamente inexistente, y en los años de juventud, de hecho, las mujeres en promedio ganan más que los varones.

¿Qué opinan de la cuota política de género?

En principio las leyes de cuotas parecen justas. ¿Si los hombres somos a grosso modo el 50% de la población, por qué deberíamos ocupar más del 50% de los cargos electivos? ¿No? Pero esta es una igualdad mentirosa, porque es una igualdad de resultados la que se pretende imponer, no una igualdad de oportunidades, que es la que garantiza una competencia justa que acomode a las diferentes condiciones y preferencias de los individuos.
Es un hecho que no le escapa a nadie que tenga sentido común, ni a nadie que se haya tomado el trabajo de investigar sobre las diferencias de intereses entre hombres y mujeres, que las mujeres están como grupo sustancialmente menos interesadas en informarse sobre (y en especial en participar de) la política.
Tomándolo en cuenta, vemos que si repartimos en mitades iguales los cargos electivos entre hombres y mujeres, habrá un número mayor de hombres compitiendo por la misma cantidad de cargos, por eso en una libre competencia como la que existe ahora hay una “disparidad” esperable que se va gradualmente reduciendo. Con una ley de cuotas por el contrario, los hombres solo podrán competir por la mitad de los cargos, quedando la otra mitad reservada para un número menor de mujeres que tendrán que enfrentarse a una competencia menor para acceder a los mismos, haciendo de esta forma más difícil para un hombre acceder a un cargo que para una mujer. ¿Si para unos es más difícil que para otros acceder a los cargos es igualdad de oportunidades, o todo lo contrario?. Las leyes de cuotas además, se ha comprobado que reducen la calidad de la administración. Esto lo sabemos por un estudio realizado en Noruega que arrojó que luego de implementada una ley de cuotas por género en los directorios de las empresas, por cada 10% de aumento en la representación femenina en el directorio, la valuación de la empresa se redujo en un 12%.

Este tema ha colocado al feminismo con un fuerte apoyo político y de lobby, ¿cómo ven esta situación? ¿distorsiona en real camino hacia la igualdad?

El movimiento feminista actual, por más que por “corrección política” asuma la pose de buscar una igualdad entre hombres y mujeres, no vemos que las políticas que se están promoviendo desde este movimiento ni en Uruguay ni en el resto del mundo hispano vayan en el sentido de establecer una igualdad de oportunidades entre varones y mujeres. El propio movimiento feminista lo deja muy claro al promover una estigmatización de los varones y lo masculino en general, al justificar la utilización de eslóganes que incitan al odio, el desprecio y la violencia en contra de los varones como “Muerte al macho”, “machete al machote” o “ante la duda tu la viuda”, al promover legislación discriminatoria como la ley integral de violencia de género o la tipificación del femicidio. Cuando el movimiento feminista propone que se pene con mayor severidad la muerte de una mujer que la de un hombre bajo las mismas exactas condiciones, no está buscando igualdad sino todo lo contrario.

¿Qué dicen sobre muertes de mujeres por violencia doméstica y delito de feminicidio?

Toda vida humana que se pierde es una tragedia, ya sean muchos o pocos, pero cuando hablamos de diseñar políticas públicas hay que establecer prioridades en base a los datos de la realidad en que vivimos.
La cantidad de mujeres muertas por violencia de doméstica en los últimos años varían entre 20 y 30 según los últimos datos del ministerio del interior y esta cifra se ha mantenido estable durante los últimos 5 años.
Por otro lado, la cifra de homicidios en general (de hombres y mujeres) ha venido aumentando estrepitosamente durante la última década, ubicándose actualmente en el entorno de las 300 muertes anuales.
En Uruguay por cada mujer que muere asesinada, mueren cinco varones. El movimiento feminista está al tanto de estas cifras y sin embargo ha alegado que “vivimos en una sociedad machista” y que “a las mujeres nos están exterminando”. Pero si la sociedad está matando a un sexo es 5 veces más al sexo masculino que al femenino. Dice que “a nosotras nos matan por ser mujeres”, pero es a 4 de cada hombres que mueren asesinados a quienes los matan por ser varones, porque si la tasa de homicidios contra hombres fuera la misma que contra mujeres, hoy seguirían vivos. Recomienda al gobierno declarar a la “violencia de género” como una emergencia cuando las muertes por este motivo se mantienen estables, mientras el total de los homicidios se dispara. Y sobre la tipificación del femicidio, hay que ver lo que ocurrió en Argentina donde ya el femicidio está tipificado. Quienes promueven la tipificación discriminatoria de este delito, alegan que el objetivo es reducir los casos de muertes de mujeres a manos de sus parejas, pero el resultado en Argentina, es que luego de la tipificación de este delito, los casos de femicidios no se redujeron, sino que aumentaron. Esta legislación no funciona para el objetivo que se la propone y discrimina innecesariamente en contra de los varones, enviando a toda la sociedad un peligroso mensaje de que la vida de un varón tiene menor valor que la vida de una mujer.

Varones Unidos ha hecho referencia a problemas que afectan al hombre como “el fraude parental”…

El fraude parental ocurre cuando una mujer engaña a su pareja varón sobre la paternidad de su hijo. Por razones obvias esta es una cuestión de género, porque la mujer puede engañar a su pareja sobre la paternidad biológica de su hijo, un engaño del que la mujer no puede ser víctima. La incapacidad de los varones para enfrentar socialmente este problema ha llevado a que por ejemplo en Francia esté prohibida la realización de pruebas de paternidad para proteger a las mujeres que llevan adelante este engaño, o que en Perú, haya fallos que obliguen a hombres a hacerse cargo financieramente de mantener a niños que no son siquiera sus hijos biológicos, a causa de haber sido engañados por su ex-pareja.

¿En cuánto a los suicidios masculinos?

Los suicidios son una problemática gravísima en Uruguay pero que lamentablemente pasa desapercibida. La cifra de muertes por suicidio en Uruguay dobla la cantidad de muertes por homicidios. La generación de conciencia sobre este problema se considera una causa masculinista, ya que entre el 70% y el 80% de estos suicidios son consumados por varones, algo que se hace más pronunciado entre hombres divorciados.

La organización habla también de “la discriminación misándrica en general”, ¿podría explicar este concepto?

La misandria es la hermana masculina de la misoginia. Por misandria se entiende el odio o desprecio hacia el varón y lo masculino en general. La discriminación misándrica es la discriminación sexista que tiene como víctima a los varones y la exponente más clara de esto, más allá de las propuestas de legislación discriminatoria de las que ya hablamos, está en las prácticas inspiradas en la teoría feminista, como el modelo duluth de violencia doméstica, que se aplican en el contexto de los juzgados de familia y que hacen que el derecho a la presunción de inocencia del varón sea constantemente vulnerado por el mero hecho de ser varón.